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Don’t fear the Writernator - Johnson (Nick Lowndes)

Cuando las máquinas tengan algo que decir

En el número de The Economist de esta semana hay un artículo llamado Don’t fear the Writernator, haciendo un (algo forzado) juego de palabras entre “escritor” y “Terminator”. La tesis del texto es que, a pesar en los avances en inteligencia artificial, la escritura automática jamás reemplazará a la escritura humana…

Pero, ¿acaso nunca se les ha puesto la carne de gallina la capacidad predictiva de Gmail mientras redactan un correo?

El argumento principal que sostiene el autor es que los computadores son estadistas bobos. Pueden predecir con bastante precisión lo que vas a escribir; antes incluso de que tú mismo sepas cómo vas a terminar la frase. Pero eso no significa que tengan capacidad para “escribir” como una persona lo haría.

A día de hoy la escritura automática se limita a un simple cálculo, basado a su vez en un modelo estadístico, entrenado por los emails que otros miles de seres humanos han tecleado.

Nada nuevo bajo el sol.

“Nada, que un escritor o un periodista humano deba temer… “

¿Podemos afirmar eso de forma tan categórica? En mi opinión es demasiado pronto para cantar victoria…

La automatización que subyace bajo la temida Cuarta Revolución Industrial traerá consigo desempleo y desigualdad como nunca hemos conocido. Los primeros en caer serán los trabajos repetitivos para los que una máquina está mucho mejor capacitada. Cajeros de supermercado, conductores de camiones y taxistas, servicios de atención al cliente…

Los últimos en caer serán esos trabajos que requieran habilidades para las que las máquinas todavía son torpes:

Todos aquellos que requieran, entre otras cosas, creatividad e inteligencia emocional…

Como, por ejemplo, escribir una novela.

2049: ¿El primer ordenador con demonios?

Según un reciente artículo del World Economic Forum, se espera que en 2028 una máquina sea capaz de componer un éxito de los 40 principales. Y para 2049 escribir un best-seller del New York Times.

Es cierto que el contenido de estas obras no suele estar a la altura de Brahms o Shakespeare. Pero sí es algo sobre lo que deberíamos detenernos a reflexionar. Que una máquina pueda conmover a un ser humano, intencionadamente o no, es un avance inaudito en el hasta ahora antropocéntrico terreno de la creatividad.

Con tal horizonte a la vista, es una cuestión de tiempo que una máquina desarrolle adicción al whiskey barato y demonios de escritor…

Escribir con propósito

Otro argumento que debería tranquilizar a los escritores profesionales vendría a ser el siguiente: para escribir de verdad se ha de tener algo que decir. Así lo expresa Johnson en su artículo:

Los ordenadores no tienen [nada que decir]; esperan instrucciones. Dada una entrada, proveen una salida. Tales sistemas pueden ser alimentados con un tema o con los primeros párrafos, y decirle que “escriba”. Puede que el resultado sea gramaticalmente correcto, pero esto no debe confundirse con un resultado intencional.

Johnson: Don’t fear the Writernator – The Economist (traducción libre)

Según el autor, una máquina “nunca escribirá con propósito”. Pero creo que aquí vuelve a pecar de optimista, pues el propósito de una máquina es, valga la redundancia, servir al propósito para el que ha sido construida.

Quizás esto les recuerde a aquella escena de The Matrix: Reloaded en la que Mr. Smith, un programa de inteligencia artificial, disertaba así acerca del propósito:

Propósito fue lo que nos creó… propósito lo que nos conecta, propósito lo que nos impulsa, lo que nos guía, lo que nos controla, es el propósito lo que define, propósito lo que nos une. Estamos aquí por culpa suya, señor Anderson. Estamos aquí para quitarle lo que trató de quitarnos a nosotros ¡Propósito!

Preguntas más allá de la Singularidad

Una de las claves de la Singularidad Tecnológica es precisamente ésa: todavía no sabemos cuáles serán los propósitos que las máquinas podrían desarrollar por sí mismas.

Y he aquí, por tanto, el meollo de las preguntas que un servidor quería plantearles a ustedes: ¿Qué pasará cuando no logremos diferenciar entre un ensayo publicado por un humano y uno “generado” por una máquina? ¿Qué pasará cuando dejemos de controlar los propósitos que las animan a escribir? Y aún: ¿qué pasará cuando las máquinas sí tengan algo que decir?

Angel

Siempre quise ser inventor y escritor: por lo primero me hice ingeniero, y en cuanto a lo segundo, escribo aquí de vez en cuando sobre telecomunicaciones y tecnología. Me gustan los robots, los perretes y los libros (analógicos).

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