¿Dónde demonios se han metido todos los blogueros?

¿Dónde demonios se han metido todos los blogueros?

No, no se han ido a ninguna parte. Siguen aquí, entre nosotros. En resumen, lo que ocurre es lo siguiente: los blogueros malos han dejado de publicar en su blog personal, y los buenos han abandonado el suyo para reciclarse de alguna otra forma.

Con el tiempo, la dinámica intrínseca de Internet ha provocado una especie de Selección Natural: sólo sobreviven los mejores. No es algo necesariamente negativo…

Vale, vale.

Quizás me haya precipitado al clasificar a los blogueros en buenos o malos; que entre el blanco y el negro se extiende una variada escala de grises:

unos saben escribir pero no aman hacerlo;

otros aman escribir pero no tienen tiempo;

otros aman compartir pero no saben redactar una felicitación de cumpleaños;

unos sólo escriben por dinero y otros por amor al arte;

unos lo hacen porque desean compartir sus conocimientos;

y otros sin embargo, porque necesitan reafirmar su ego…

¡En fin! La lista es larga.

Una cosa sí es cierta, y es que ha habido una clara disminución de la cantidad de blogs personales activos. ¿Qué significa esto? ¿Significa que el blogging está pasado de moda? ¿Adónde se han ido aquellos blogueros de la vieja escuela?

Os expongo el análisis de un humilde servidor:

Microblogging: aquí están todos los blogueros de andar por casa

Al principio del segundo milenio, los blogs solían tener música MIDI de fondo y se utilizaban de una forma muy heterogénea: se publicaban artículos desarrollados, reflexiones filosóficas, poemas, citas célebres, fotografías de las últimas vacaciones, etcétera. Al final se convertían en una especie de timeline de su vida privada. ¿Y quién querría seguir hoy día la vida privada de alguien a través de su blog? Para eso surgieron las redes sociales: Facebook, Twitter, Instagram, Snapchat… ¡incluso Linkedin!

Los blogueros de andar por casa no han desaparecido: siguen teniendo esa necesidad imperiosa de compartir, pero lo hacen a través de sus redes sociales. A esto se le ha denominado microblogging y se ha constituido como un nicho independiente en el que muchos ex-blogueros han logrado prosperar.

Factorías de artículos: ¿los blogueros han vendido su alma al diablo?

A partir de 2008 comenzaron a ponerse de moda las técnicas de posicionamiento en buscadores, y poco después surgió el marketing de contenidos. Algunos se dieron cuenta de la importancia que tenía el contenido inédito y de calidad para el posicionamiento en Internet, y las empresas no tardaron en utilizar esos contenidos para aumentar la visibilidad de sus negocios. En 2014, el 72% de las empresas utilizaban un blog como parte de una estrategia de contenidos, y ya llevaban unos años en auge roles como el del Content Creator o el del Professional Blogger.

Y aquí vinieron a parar muchos de esos blogueros buenos, blogueros que tenían talento, conocimiento y habilidades para comunicar. En aquel entonces, la guerra de contenidos no había hecho más que comenzar. El vertedero de Internet hedía más que nunca a contenidos recocinados. Pocos años después, en 2014, surgieron los grandes proyectos blogueros que yo llamo Máquinas de Fabricar y Viralizar Artículos.

En realidad se trata de la nueva Industria del Blog: son empresas con una estructura equiparable a la de un periódico consolidado; muchas veces no sólo fabrican artículos a gran escala, también fabrican blogs temáticos (“revistas digitales”, los llaman), con sus correspondientes equipos de redactores especializados.

Muchos de aquellos blogueros que antaño tenían su propio blog, forman hoy parte de la plantilla de alguna de estas megafactorías; contra ellas, los blogs pequeños sin una marca personal sólida lo tienen bastante complicado. Por no decir chungo.

Ronin: el escritor como mercenario

En el Japón feudal, un ronin era un samurái sin amo que vagaba por ahí tratando de demostrar su valía o vendiendo sus servicios de espadachín: era algo así como un mercenario anónimo.

Muchos de aquellos blogueros que no consiguieron unirse a una Máquina de Fabricar Artículos, decidieron probar suerte como freelance anónimo. Para este fin surgieron plataformas como Textbroker: webs de subastas de contenidos en formato texto para redactores freelance.

Estas plataformas ofrecen un filtro de calidad para las empresas que desean generar contenido (a menudo son precisamente esas mismas Máquinas de Fabricar Artículos). El redactor debe superar una evaluación por parte de la plataforma: en función de tus habilidades comunicativas, te pagarán más o menos por cada palabra.

Una de las exigencias de estas redes es el anonimato. Así, el artista acaba convertido en un mercenario que vende sus habilidades y sus derechos de autor por dinero.

Sólo hay algo mejor que un podcaster: ¡un youtuber!

No todos los bloggers acabaron vendiendo su alma al diablo. Algunos lograron ver más allá del horizonte y adaptaron su blog a los nuevos tiempos. Cada vez funcionaban mejor los modelos millenial: mínimo esfuerzo, máximo impacto. Contenidos que se pudieran consumir en cualquier momento, a ser posible sin tener que leer nada. Que puedas escucharlo mientras conduces o trabajas, que puedas verlo mientras envías un whatsapp.

Por todo esto, muchos blogueros acabaron convirtiéndose en podcasters: el redactor se convierte en guionista y locutor de radio.

La siguiente vuelta de tuerca sería inevitable: el salto a YouTube. El podcaster aprende algunos principios de edición de video y acaba formando parte del ejército de youtubers que pugnan por audiencia a cualquier precio. El nivel de exposición es brutal. El blog acaba convirtiéndose en una herramienta secundaria, una base de operaciones.

Toda la carne está ya en el asador. ¿Cuál será el siguiente paso en la evolución blogosférica?

El Influencer como nuevo gurú

Hacia 2010 comenzaron a prosperar los “gurús de Internet“, expertos en diversas áreas que surgían de la nada y que desaparecían lanzando una bomba de humo (de ese mismo humo que pretendían venderte).  No tardaron mucho en perder credibilidad y la gente dejó de tomarse en serio la palabra “gurú”.

Sin embargo, a partir de 2016 empieza a popularizarse otro rol: influencer. Grosso modo, son blogueros con muchos seguidores en las redes sociales que consideran que eso de autodenominarse “bloguero” suena demasiado amateur. Un influencer es algo más: es un creador de contenidos experto con influencia social. El término es tan potente, que incluso lo utilizan en Linkedin como ocupación laboral.

Honrosas y meritorias excepciones aparte, estos influencer no son más que los gurús de hace unos años, pero aromatizados con un nuevo aura de credibilidad. ¿Cuánto tardarán estos mitos en venirse abajo una vez más?

 

Algunas confesiones de un bloguero anónimo

Tengo que confesar una cosa: yo ya he formado parte de casi todos los roles que se han mencionado en este artículo. He prostituido mis letras para diversos sponsors y en diferentes plataformas. He escrito sobre retretes atascados, motosierras para arrancar hierbajos, aplicaciones inútiles para bancos, y un montón de temas que ni me interesaban, ni me estimulaban, ni me reportaban otra cosa que no fuera un dinero que no necesitaba.

También confieso habérmelas dado de gurú en alguna ocasión, y de la misma forma he intentado montar una Máquina de Fabricar Artículos en este blog. En cierto momento, en BBits escribíamos una decena de redactores (de los cuáles quedamos ya sólo 3) y llegamos a publicar artículos de calidad una vez al día.

Estas dinámicas extrínsecas al amor por el conocimiento compartido fueron las que me alejaron del blogging durante semanas y meses. Tampoco me gustaba la idea de exponerme demasiado, ni de utilizar mi propia vida para ganar visibilidad en Internet, pero he comprendido que nada de eso es necesario.

En mi opinión, el blogging no ha muerto ni ha pasado de moda, simplemente ha evolucionado y es necesario aprender a surfear esa ola. Los blogueros que aman lo que hacen no se van a ningún sitio. Si acaso se transforman, experimentan y siempre acaban regresando, porque el contenido de calidad siempre estará ahí para el que quiera consumirlo, independientemente de la plataforma.

Otra cosa es ese bloguero que sólo aspira a la fama, el dinero o la influencia que el blogging puede ofrecer. Pienso que eso debería ser una consecuencia del buen hacer y de la buena suerte, y no debería ser la única fuente de motivación. Para esa clase de blogger sólo quedarán frustraciones y una fatigosa retirada de la blogosfera.

Nos leemos.

Ángel

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Angel
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<p>Creció viendo McGyver y ya de niño tenía muy claro en qué quería convertirse: inventor. Supuso que estudiar Ingeniería de Telecomunicación sería un buen camino para ello. Emprendedor y aventurero, bajo los circuitos y transistores le late un corazón de escritor.</p>

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