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Entérate la próxima vez que hablen de coches eléctricos (parte I)

En palabras del Profesor Santiago Niño-Becerra, la tecnología tiene tres características: cada vez es más sofisticada, cada vez es mas barata y cada vez es más fácil de usar. El coche eléctrico es un ejemplo perfecto.
Tanto está cambiando el asunto que es normal que alguno esté confundido. Si buscas una explicación sencilla de las bases técnicas de la movilidad eléctrica, este es tu post.

De forma muy simplificada, el coche eléctrico se compone de un motor, una batería y un cargador. Vamos a explicar cada uno.

Motor.
Es infinitamente más sencillo, barato, ligero, pequeño y eficiente que uno de combustión. Y además transmite muy poca vibración y ruido. La potencia del motor se mide en vatios (W) y funcionan con corriente alterna. Existen dos tipos: asíncronos y síncronos.

Batería.
Actualmente tenemos las de iones de litio, a la espera de que alguien saque al mercado otra tecnología que sea más ligera, ocupe menos espacio por igual capacidad de carga, se caliente menos, se degrade menos o sea mas barata. Las baterías de electrolito sólido prometen hacerlo todo a la vez.

La capacidad se mide en vatios-hora (Wh), o más comúnmente visto, kilovatios-hora (kWh). No confundir con vatios (W), que son potencia. Así, estaríamos hablando de baterías de 60 a 70 kWh normalmente.
La baterías de iones de litio sufren degradaciones por su uso, esto es, una reducción en su capacidad neta. Normalmente los fabricantes dan una garantía especial a la batería por 8 años y hasta un 25% de degradación.


Un aspecto importante es la capacidad bruta y la capacidad neta de la batería. Siempre hay un 4% o 6% de capacidad de batería de la que no podemos disponer. La capacidad total es la capacidad bruta, mientras que la parte a la que podemos acceder es la capacidad neta. Normalmente los fabricantes anuncian la capacidad bruta, salvo loables excepciones como Hyundai.

Por otra parte está la refrigeración de la batería, pero de eso hablaremos en la parte II.


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